Código de Aguas: Más obras, menos normas

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Código de Aguas: Más obras, menos normas

Christian Arntz Mac-Evoy. Presidente Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • Proponemos, entre otras cosas, que cada cuenca sea administrada de manera responsable por los mismos usuarios, como ha sido desde el siglo XIX, y no desde Santiago con un criterio uniforme que no reconoce las particularidades del país.

Los agricultores del sur estamos cumpliendo con el desafío que durante el desarrollo de SAGOFISUR 2016 nos planteó el ministro de Agricultura, Carlos Furche, en orden a analizar técnicamente el proyecto de ley de Reforma al Código de Aguas propuesto por el Ejecutivo y entregar propuestas para su mejoría.

Hemos señalado que la iniciativa deja en la incertidumbre la propiedad de los derechos de aguas concedidos y pone una gran interrogante para el otorgamiento de los nuevos, lo que traerá graves consecuencias para la producción de alimentos del país, pero este no es el único problema.

Buena parte del sustento argumental para poner en jaque el derecho de propiedad del agua, tiene que ver con la aplicación de un errado criterio uniforme que no reconoce las particularidades de un país que va desde el desierto más seco del mundo hasta un sur muy distinto: las cuencas de los ríos Copiapó y el Rahue no tienen nada que ver, no obstante para el proyecto de ley son lo mismo.

Hemos sostenido que Chile posee nueve veces más agua que el promedio mundial y que desde la región de La Araucanía hacia el norte, desperdiciamos el 85% del agua dulce en el mar, un fenómeno que entre Los Ríos y Los Lagos es aún peor. Como dijo Martín Arrau, presidente de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble, por supuesto que no estamos diciendo que usemos el 100% y no dejemos que nada se vaya hacia el mar, sino que propendamos hacia un uso eficiente y sustentable del recurso.

Para nosotros, el problema de esta reforma es claro: necesitamos más obras y menos normas; menos burocracia y más confianza en los usuarios del recurso. Proponemos la urgente realización de estudios de prospección y catastros; construcción de embalses; infiltración de napas; y desalinización. Todo esto, en un escenario de pérdida acelerada de la capacidad natural de almacenamiento de las aguas y en el marco de la realización de un Plan Hídrico que incluya información sobre disponibilidad, pronóstico y derechos otorgados; fortalecimiento de la Dirección General de Aguas (DGAC); y que permita que cada cuenca sea administrada de manera responsable por los mismos usuarios, como ha sido desde el siglo XIX, y no desde Santiago con un criterio uniforme que no reconoce las particularidades del país, ni la capacidad individual de las personas para producir los alimentos de todos en armonía con el medioambiente.

http://www.australosorno.cl/impresa/2017/04/30/full/cuerpo-principal/8/