La guerra por la leche

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La guerra por la leche

Arnaldo Guerra / Economía y Negocios
  • Nuevas inversiones y mejores perspectivas demuestran el renacer de un sector estancado en los últimos años. Menor producción lechera desata la contienda entre las plantas por asegurar el suministro de materia prima.

     

El vaso de leche no está ni lleno ni vacío. Más bien, está congelado. En 2016 las plantas procesadoras recibieron 1.991 millones de litros, un crecimiento de solo 5% desde 2010. Ni las promesas de convertir a Chile en un exportador de lácteos, la entrega bonos de producción, ni la introducción de nuevos métodos de producción han logrado elevar la temperatura.

Mientras tanto, el consumo interno crece a pie firme. Los chilenos ya van en los 150 litros de lácteos al año, 12 más que a comienzos de la década, aunque con un inquietante estancamiento en los últimos años. Eso no ha pasado inadvertido fuera de las fronteras, el grupo francés Lactalis compró el grupo La Vaquita y apareció, por primera vez el año pasado en las estadísticas oficiales como responsable del 7% de la leche recepcionada en Chile.

La base productiva estrecha y la mayor competencia entre las procesadoras de leche se está haciendo sentir. Ante la falta de materia prima, el coqueteo de las empresas con los agricultores está a la orden del día. Prolesur, ligada a Soprole, proyecta una apertura de su propiedad a los productores nacionales.

La mayor productora de leche del país, Manuka, propiedad de neozelandeses, inició la apertura a inversionistas chilenos, con la mediática llegada del empresario Nicolás Ibáñez y su Lácteos Tronador. A la vez, busca generar una cooperativa con productores nacionales para industrializar la materia prima, en un proyecto ya tiene nombre: Campos Australes.

Eso sin mencionar al jugador más grande en esta pelea: Colun. La cooperativa de La Unión crece a un ritmo muy superior al resto de los elaboradores: llegó a recepcionar 541 millones de litros en 2016, 21% más que a comienzos de la década.

Reacción en cadena
Para Claudio Sarah, asesor independiente y profesor de la Universidad Austral, el resto de la industria tradicional tendrá que reaccionar, de lo contrario podría complicársele el escenario.

El especialista cree que las elaboradoras van a tener que rediseñar sus políticas y estrategias, de manera de acercar las confianzas, y van a tener que cambiar su sistema agropecuario en función de esta nueva realidad de relaciones con los productores.

Los planes de Manuka y de Fonterra-Prolesur son muy agresivos, señala Sarah, “y me consta que ya están afectando a muchas empresas, que han perdido leche, y eso va a terminar favoreciendo al productor”, dice el ex ejecutivo de Nestlé.

Se afianza presencia neozelandesa
Para algunos analistas, lo que ocurre tiene que ver con que los neozelandeses quieren afianzar, bajo distintas estructuras, su presencia en Chile. “Esto no es más que una presencia potente de los neozelandeses que quieren, además, armar una cooperativa similar a Colún, con sus privilegios, sobre todo en el área de impuestos, que es importante”, señalan.

Fuentes de la industria expresan preocupación porque todos estos movimientos terminen teniendo como resultado que la producción de leche chilena no sea exportada como se esperaría si estuviese en manos de capitales chilenos.

Lo que se ha visto es que se prefiere rentabilizar más en el mercado interno o bien que las instrucciones que les da su casa matriz en Nueva Zelandia son que no se metan en tales países, porque los negocios los están manejando ellos, que es algo que pasa en otras industrias. Así, señalan, los productores chilenos van a seguir recibiendo precios más bajos que los del mercado internacional.

Falta información
Más crítica es la posición de Roberto Santamaría, socio y director de la empresa Chilterra. “Los cambios son un intento por mostrar una imagen colaboradora, sin ninguna intención de cambiar el fondo de la situación y responden más bien a una medida reactiva frente a las declaraciones de grupos de productores primarios de integrarse verticalmente, en forma de cooperativa”, señala.

Santamaría piensa que las iniciativas de integración vertical de los productores primarios, actualmente en desarrollo, proyectan un mejor y más competitivo futuro para el sector y siguen el ejemplo de Colún, la cooperativa más exitosa y un ejemplo de aporte al desarrollo de la región en que se encuentra”, destaca.

Aclara sí que, a su juicio, los temas de Manuka y de Fonterra-Prolesur son distintos y no relacionados. Manuka es un productor primario, hasta antes de la entrada de Nicolás Ibáñez, conformado exclusivamente por inversionistas neozelandeses. “Me parece que la administración neozelandesa de Manuka concluyó que para mejorar sus probabilidades de éxito, requería, no solo un aumento de capital, sino que un socio local que mejorara la comprensión de las características operativas del ambiente nacional y, probablemente, también aportara sus relaciones con el resto de la cadena requerida. Si es así, es una medida correcta, y que nosotros en Chilterra implementamos hace rato”, agrega.

Pero el tema de Prolesur-Soprole es otro, señala.

“Hasta el momento, a pesar del trabajo que se hizo para tratar de convencerlos de que lo mejor era una cadena productiva integrada y que distribuyera equitativamente los excedentes de la cadena completa entre sus actores, persisten en su visión oligopsónica, que les ha producido excedentes desmedidos en relación con su aporte de valor. Hasta el momento lo único que han anunciado es que el directorio de Prolesur va a considerar si decide ofrecer hasta el 20% de la propiedad a los productores primarios, que son sus proveedores de leche cruda. También ha anunciado que Prolesur solo producirá commodities y que los productos de valor agregado y la comercialización quedarán en manos de Soprole, empresa de propiedad de Fonterra y en la que no se ofrecerá participación. Por otro lado, el principal cliente de Prolesur será Soprole, con un contrato con precios de transferencia negociado entre Prolesur con el accionista controlador (80% a 90%) y del que nadie conoce las cláusulas, excepto que Prolesur dice que es a ‘precios de mercado’. Todo esto en un ambiente en que las políticas de precio impuestas por el oligopsonio de los procesadores a los productores primarios están desapareciendo permanentemente y la producción está a niveles de varios años atrás y Chile vuelve a ser un país deficitario en producción de leche”, destaca.

Desde Uprolac, empresa comercializadora en conjunto de la leche de productores de Los Lagos y Los Ríos, su presidente, Jaime Olivares, considera que el momento es propicio para que el mercado empiece a expresarse, porque todas las condiciones que han llevado al estancamiento, de a poco han ido cambiando.

“Hoy, la industria de alguna manera está percibiendo menos leche en sus recepciones, por lo tanto, va a tener que salir a pagar más por la materia prima, sobre todo pensando en el próximo invierno. Mientras, como productores, estamos viendo con cuánta leche vamos a contar para la próxima temporada y de qué forma la comercializamos mejor”, señala Olivares.

Considera que los productores no se pueden cerrar a ser socios con la industria, pero que todavía no es el momento de analizarlo, si no se sabe cómo se va a valorizar la leche, sobre todo la de invierno.

“En este período complicado tuvimos que ajustar los costos para persistir en el negocio. Eso hace que toda la forma de producir sea súper estructurada, lo que ha llevado a que la producción, por la forma como se está pagando hoy, que es por el contenido de grasa y proteína, adquiera otra dimensión. Entonces, hoy cuando la industria plantea que hay que crecer, que tienen capacidad, la respuesta es que el único incentivo siempre va a estar ligado al precio”, dice Olivares.