Perros asilvestrados: de mejor amigo a enemigo del hombre

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Perros asilvestrados: de mejor amigo a enemigo del hombre

Alexander Hopkinson / Diario Austral de Osorno
  • Una compleja situación viven los agricultores de la provincia debido a la presencia de jaurías que cazan animales de granja y ganado por hambre, costumbre e incluso entretención, lo que genera importantes pérdidas económicas sobre todo a pequeños productores.

     

“Hace un año atrás, julio o agosto, tenías unas 15 ovejas acá, en el campo donde trabajo, pero los perros me mataron a tres en un día. A la semana volvieron y me mataron dos más. Todas estaban preñadas en ese momento, así que fue una pérdida de cinco ovejas adultas, más cinco corderos en proyección; una oveja adulta está costando unos $50 mil”, relata Alejandro Ojeda (43), pequeño agricultor que mediante la venta de ganado complementa su sueldo mínimo como operador de tractores y maquinaria pesada agrícola del fundo Copiuco, en el sector de Pichidamas, comuna de Puyehue.

Alejandro tiene dos hijos, en ese momento ambos estaban estudiando, y además pagaba el dividendo de una vivienda en Osorno, por lo que la pérdida de los ovinos desencadenó una serie de problemas en su familia y vida cotidiana.

“Las mordieron en la cabeza y las orejas, mientras que las piernas se las hacen tira. Después se empiezan a comer el resto por la zona abdominal. Luego se dedican a matar no más”, agrega el trabajador agrícola, cuyo caso representa a cientos de personas que día tras día ven amenazada su principal fuente de ingresos.

Empresarios mayores, como el presidente de Fedeleche, Rodrigo Lavín, también han sido víctimas de estos animales que cazan en jaurías en los campos. Su caso ocurrió hace menos de dos meses, cuando perdió 20 cabezas de ganado en su predio lechero de la comuna de Llanquihue. Sin embargo, es a los pequeños productores a los que prácticamente liquida el actuar de estos canes.

Pérdidas
“Aquí en el campo siempre han tenido problemas con los perros, pero cuando empezamos a ver que no era uno, sino 30, como fue el año pasado, y 25 en lo que va de éste, que te empiezas a preocupar. La mortandad mínima en un campo es de un 5%, pero con los ataques de los perros ese porcentaje aumentó a un 25% anual”, cuenta Patricia Rodríguez, médico veterinario de la Agrícola Carrasco Hernández.

De acuerdo a datos recabados por la profesional, los canes seleccionan a las víctimas, tras haberlas seleccionado. Este año focalizaron su ingenio en los terneros destetados, que por estar mejor alimentados, implican también un costo económico mayor para las firmas agrícolas.

“La medida que tomamos fue contratar a un nochero que cuide los terrenos con una pistola de fogueo para ahuyentarlos. También guardábamos los terneros. Estamos hablando de grupos de 100, lo que implica toda una logística”, detalla Rodríguez, quien ha sido testigo del terror que manifiestan estos animales al escuchar los ladridos.

Un ternero criado cuesta entre $150 mil y $180 mil. Los que están en leche entre $70 mil y $80 mil. Por otra parte, sanar a un animal sobreviviente, que fuera viable en términos de producción, cuesta aproximadamente $120 mil pesos.

“Atacan principalmente los músculos de las piernas traseras (…) uno muerde y los otros acorralan, se van turnando, entonces encuentras al ternero lesionado por todos lados”, detalla la veterinaria del campo agrícola ubicado en Pichidamas, quien ha presenciado ataques que no siempre responden al hambre, sino también a un instinto o a veces a simple diversión.

Así, desde aproximadamente una década, irónicamente el llamado mejor amigo del hombre, una criatura leal, se ha ido transformando paulatinamente en el enemigo número uno de los lecheros y ganaderos. Pero, ¿de dónde vienen estos perros y por qué asumen esta conducta?

Según los médicos veterinarios entrevistados en el transcurso de esta investigación, los perros asilvestrados son animales que tuvieron o tienen dueño, pero que por supervivencia, aprendizaje e incluso adiestramiento de propietarios cazadores, asumen conductas salvajes, donde llegan a desarrollar verdaderas tácticas de caza.

La RAE define el concepto asilvestrado como “animal doméstico o domesticado que vive en las condiciones de un animal salvaje”, por lo que el origen del problema no está en el campo mismo, sino en la ciudad, marcado por la irresponsabilidad de personas que abandonan a sus mascotas o a las crías.

Vacío legal
Actualmente, con la nueva Ley de Tenencia de Mascotas, denominada “Ley Cholito”, que fue publicada en el Diario Oficial el pasado 2 de agosto -que marcó su entrada en vigencia-, los municipios deberán realizar un registro de los animales de compañía con el fin de catastrar, tomar medidas y sancionar a los dueños de los canes que incurran en algún daño o perjuicio a la salud humana y la propiedad privada, protegiéndolos al mismo tiempo del maltrato.

Si bien con esto se establece al menos una política orientada a educar a la población en torno a la crianza, adquisición y reproducción de las mascotas, donde los dueños se exponen a sanciones si abandonan una, esto no soluciona el tema del momento, que es la periódica muerte de ganado ovino y bovino, además de animales de granja en las fauces de perros asilvestrados.

“Se han dicho muchas con respecto al accionar del SAG (Servicio Agrícola y Ganadero), porque efectivamente hay un vacío legal en el tema de los perros asilvestrados, salvajes o bravíos. Los veterinarios y agricultores nos dicen que deberíamos hacer algo, básicamente por la Ley de Caza que sí la controla el SAG y Carabineros”, explica el director de dicho organismo en Los Lagos, Andrés Duval.

El 31 de enero de 2015, el Diario Oficial materializaba la modificación al Decreto 65 de la Ley de Caza, que permitía dar muerte a los perros asilvestrados. En detalle, se declaraba que las “jaurías de perros salvajes o bravíos” podían ser cazados o capturados en cualquier época del año, en todo el territorio nacional y sin limitación del número de piezas o ejemplares.

Transcurridos 10 días, el Gobierno decidió suspender la modificación, debido a que la medida desató el rechazo de organizaciones animalistas y protestas públicas callejeras.

“Eso ocurrió hace dos años atrás, pero se derogó rápidamente por la presión de los animalistas que pensaban que con esa norma se iba a eliminar a todo perro que anduviera vagando, lo cual no era así. Ante eso la autoridad del momento decidió finalmente retirar la iniciativa en espera de que saliera la Ley de Tenencia Responsable, que es la que se acaba de promulgar”, comenta Duval, quien señala que el ingreso de estos canes a los predios es una situación que los propios agricultores deben resguardar.

El otro organismo público relacionado con esta problemática es el Ministerio de Salud, que junto a las carteras de Interior y Educación son los encargados de ejecutar la “Ley Cholito”.

Sin embargo, este servicio del Estado tampoco tiene jurisdicción para intervenir a menos que uno de estos animales ataque a una persona o bien esté registrado, situación que no ocurre y que no se puede comprobar con los que ya existen.

Así lo expresa Isabel Bertín, experta en Zoonosis de la Seremi de Salud, oficina Osorno: “La responsabilidad que tenemos de los animales que muerden es hacer observación (seguimiento), para eliminar la sospecha de rabia. Esta es una enfermedad que se transmite de animales a hombres a través de la saliva y es 99% de las veces mortal si posteriormente no se vacuna”, afirma la médico veterinaria.

En el caso de no poder responsabilizar a un dueño y comprobar la presencia inminente de la patología, el animal es eutanasiado. Pero la medida aplica sólo para esta situación en particular.

Ataque en grupo
Fanol Barrientos, médico veterinario, experto en animales mayores y ganado bovino, relata que “esos perros normalmente atacan en la noche y en manada, como los lobos y los perros salvajes que hay en África. Arman grupos de seis a ocho normalmente, y hasta 12 las manadas más grandes”.

Según Barrientos, sus presas favoritas son animales más pequeños, pero cuando el grupo es numeroso, también atacan vacas. “Las muerden en las ubres y los rompen las orejas. Casi siempre la aíslan primero, la apartan del grupo y ahí se les van encima. El animal que es atacado se estresa, entra en pánico y ellos aprovechan de morderlo todo lo que puedan, porque de eso se alimentan. Estos perros muerden y desgarran. En el fondo pasan a ser perros salvajes”, explica.

Una situación que afecta a prácticamente todas las zonas ganaderas del país y que si bien está siendo tardíamente atendida por las autoridades, responde a la falta de responsabilidad y conciencia de personas que no cumplen las condiciones para hacerse cargo de un animal de compañía o mascota durante todo su ciclo de vida.

“Esto es algo gravísimo, en todos los sectores rurales que yo recorro, tanto en la Región de Los Lagos como en Los Ríos, hay perros asilvestrados. Estos animales salen y recorren hasta 40 kilómetros en el día y siempre tratan de ubicar corderos, porque es más fácil para ellos”, dice Barrientos.

Solución de fondo
Otro antecedente del daño que generan los perros asilvestrados es su amenaza a la fauna nativa, que según el guardaparques de Conaf en Puyehue, Daniel Cárdenas, afecta principalmente a los guanacos y sus crías en el norte y al pudú en el sur.

“Van a liquidar lo que encuentren en su camino. Pueden ser zorros, coipos, lo que pillen lo van a cazar. Hacen harto daño en los cotos de ciervos… su espectro de daño es bastante amplio”, precisa.

Sobre las especies amenazadas, Cárdenas, de profesión ingeniero en ejecución forestal, detalla que “los pudús y guanacos, aparte de estar protegidos, se encuentran en condición de vulnerabilidad. Tampoco hay una estadística que nos indique la población de pudús que existe oficialmente, lo único que se sabe es que cada día hay menos”.

En opinión de este funcionario, los perros asilvestrados deberían entrar en alguna categoría de caza del SAG, porque además del ganado y fauna nativa, son peligrosos para las personas.

“Si vas durante el día a un campo te vas a encontrar con perros con collar y nombre, pero como circulan por una superficie extensa de territorio en la noche, como costumbre quieren salir, reunirse y recorren ese territorio, adoptando la condición de perro asilvestrado, aunque no siéndolo (en cien por ciento). Después vuelven a sus dueños, quienes en algunos casos también los adiestran para la caza de jabalíes”, complementa.

La idea más popular entre los agricultores, veterinarios y las personas que se han visto afectadas por los ataques de los perros asilvestrados es la muerte por eutanasia o cacería, previa habilitación del SAG. Sin embargo, para los grupos animalistas esta medida, además de propiciar la caza indiscriminada, tampoco evitaría que la situación se vuelva a repetir.

“La solución sería la eutanasia, pero apuntaría al control de un mes o dos meses y al poco tiempo tendríamos lo mismo”, dice Osvaldo Cea, voluntario de la Sociedad Protectora de Animales de Osorno, quien apunta a la esterilización y la pronta acción del registro de dueños como medidas urgentes de aplicar.

“Nosotros damos la facilidad de esterilizar gratis o a muy bajo costo, pero aún así el dueño del campo te dice que no es de su incumbencia. Pero toda la gente allá tiene un perro o una perrita y cuando van naciendo los cachorros se queda con uno o dos y el resto lo dejan en el campo del vecino o en el pueblo más cercano, perros que luego, para sobrevivir, matan. Entonces, esto de ir eliminando podría ser una solución, pero si no hay medidas de fondo, volveríamos a lo mismo por la cantidad de perros que se generan”, afirma.

En este sentido, a juicio de Cea urge que la Sociedad Protectora de Animales, municipios, gobernaciones, SAG, Salud y los agricultores se reúnan para que en forma coordinada elaboren alternativas que permitan dar soluciones en el corto, mediano y largo plazo.