Buscan transparentar contenidos de fertilizantes

Buscan transparentar contenidos de fertilizantes

  • Una investigación que buscaba establecer una metodología para determinar la solubilidad de los fertilizantes fosfatados mostró que el porcentaje de reacción con el agua para dejarlos disponibles para las plantas era menor al esperado. El hallazgo gatilló la necesidad de contar con una ley que establezca parámetros claros ante la ausencia de normativa.

REVISTA DEL CAMPO EL MERCURIO

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A fines de 2013, el ganadero de Llanquihue Sergio Mödinger, adquirió 30 toneladas de fertilizante fosfatado. Sin embargo, cuando comenzó a utilizarlo, se llevó una sorpresa.

“Venían terrones de hasta 10 cm de diámetro, lo cual no puede considerarse una mezcla… Estaba todo separado. Era un barrido, no un fertilizante”, dice Mödinger, lechero, criancero y engordero de ganado vacuno en la zona de Fresia, X Región.

Reclamó ante la empresa, pero la única respuesta que recibió fue un “de acá sale todo bien”. Entonces el agricultor decidió recurrir a la autoridad. Así llegó hasta Rodrigo Mardones, en ese momento seremi de Agricultura de Los Lagos, con una muestra de lo que había comprado.

“Era fertilizante, pero obviamente no tenía buena calidad”, comenta hoy Mardones. Ante eso, la autoridad consiguió financiamiento -$100 millones-, a través de Odepa y fondos regionales, para que el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, comenzara a investigar el tema. Los objetivos fueron precisos: implementar nuevas metodologías para determinar los índices de solubilidad en los fertilizantes fosfatados y el fósforo disponible y cuantificar el efecto de diferentes fertilizantes fosfatados en el suelo y en la producción y calidad del forraje de praderas de la Región de Los Lagos, entre otros. Además, se buscaba poder medir el efecto de la roca fosfórica, ya que es un producto más barato y más fácil de disponer en el campo que los fertilizantes solubles, aunque con efectos más lentos en el suelo.

Para los agricultores sureños la fertilización es un tema esencial: de ella depende no solo llegar al potencial de producción en los diferentes cultivos, sino también en la producción de pasto para los animales. De hecho, desde 1996 existe un sistema estatal de subsidio para la recuperación de suelos degradados que en la zona sur tienen deficiencia de fósforo. Como se sabe este último es uno de los tres elementos fundamentales en la nutrición de las plantas, junto con el nitrógeno y el potasio.

La investigación validó la metodología, pero de paso dio cuenta de un hallazgo inesperado, ya que una parte importante de las muestras analizadas no cumplía con la calidad. El 21% tenía un índice de solubilidad menor a 84%, es decir, el fósforo estaba, pero no se disolvía, por lo tanto, no quedaba disponible para las plantas con la velocidad esperada. El estudio del INIA, realizado por los investigadores Erika Vistoso y Mónica Antilén, además de indicar que parte importante de las muestras no cumplía con los parámetros anunciados, mostró también una variabilidad entre 66% y 100% de fósforo soluble en agua. La información de las etiquetas solo plantea el contenido de fósforo, pero, como la ley no lo exige, no dan cuenta de la solubilidad.

Para los productores de Osorno fue como enterarse que la gasolina que usaban por años en vez de 95 octanos tuviera 60.

“Con los resultados tan distorsionados, mi sospecha se hizo realidad… Esto es una cosa histórica, porque llevamos años de abusos hacia los agricultores, por la diferencia entre la rotulación y lo que realmente tiene el fertilizante, y especialmente sobre el fósforo y la solubilidad, que hace que en el fondo sea un producto inerte, que no produce efecto en el suelo”, reclama Mödinger, quien prestó su campo ganadero en Llanquihue para que se realizaran algunos de los ensayos.

Transparencia y normativa

La actual seremi de agricultura de Los Lagos, Pamela Bertín, ratifica lo que indicó el INIA al hacerse públicos los resultados respecto de que “las muestras tomadas no son un número representativo de lo que actualmente se vende en el mercado”.

Si bien los agricultores coinciden en que no existen los elementos para hablar de irregularidad o fraude, recalcan la necesidad de que se transparente el contenido y las características de los compuestos que van en un fertilizante.

“Más que andar cazando que cumplen o no, a lo que vamos es a una regla más general, porque esto en el pasado puede que haya ocurrido muchas veces; puede que esté ocurriendo hoy o no, puede ser que sean ciertos lotes, o ciertas procedencias, eso no lo sabemos. Lo que queremos es que como la norma hoy no contempla fiscalizar la solubilidad del producto, solamente pide que se demuestre el porcentaje de nutriente, se incorpore esto y así cuando ese fertilizantes entre a Chile sea chequeado y, por lo tanto, se estaría asegurando la calidad”, señala Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola de Osorno (SAGO).

“Chile debe tener una de las peores legislaciones en materia de fertilizantes del mundo, porque según lo que especifican las leyes, lo único que puede hacer el SAG es controlar el porcentaje de nutriente principal, y todos sabemos que la calidad de los fertilizantes depende de otros factores como, por ejemplo, la solubilidad, la granulometría y, dependiendo del uso que se le dé, la resistencia al golpe”, plantea José Antonio Alcázar, gerente técnico de SAGO.

De ahí que el gremio sureño esté pidiendo a los distribuidores sincerar las cifras, para saber a qué atenerse cuando los apliquen y también determinar en forma precisa qué producto utilizar. Así, un asesor o un agricultor sabrá que si el superfosfato triple tiene 60% de solubilidad, ese dato se mete en la ecuación y se determina cuánto aplicar, si es económico o no, si conviene mejor aplicar roca fosfórica en vez de un fertilizante soluble para una mejor decisión económica.

“Incluso se está diciendo hoy que pensar en un súper fosfato triple que venga con 90% de solubilidad al agua es prácticamente imposible de encontrar en el mercado. Lo que estamos pidiendo es que lo digan”, dice José Antonio Alcázar, gerente técnico de SAGO.

“Creo que la SAGO hace muy bien cuando lo que está impulsando, y entiendo que ha sido bien acogido, son cambios en la rotulación. No estamos entrando a discutir ni el precio, ni diciendo que hay fraude o engaño, sino que el tema a mejorar es la rotulación”, señala Andreas Köbrich, secretario general de la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco, Sofo.

Algo parecido es a lo que apunta el profesor de la Universidad de la Frontera de Temuco Rolando Demanet, quien cree que es factible perfeccionar las normativas actuales, porque en la medida que se genera más conocimiento de los aspectos técnicos de los productos las instituciones encargadas de fiscalizar deben ajustar sus normas y aumentar las exigencias.

“Colocar la disponibilidad de fósforo y la solubilidad en agua de los superfosfatos es algo que perfectamente se podría considerar, ya que corresponde a análisis rutinarios de fácil ejecución y bajo costo, considerando los volúmenes comercializados. Es efectivo que la norma considera el contenido de nutriente y no la solubilidad”, agrega.

Así las cosas, en la SAGO tienen claro el objetivo final.

“Por lo que estamos abogando como organización es que esto se transparente. Lo que hay que hacer es generar conocimiento, difusión e información, porque cuando estás pensando que el 90% de ese fósforo está soluble y disponible para la planta, lo único que tienes que hacer es agregar un poco más para llegar al 100%, pero si resulta que lo que está llegando tiene más baja solubilidad se debe agregar más fertilizante. Por eso, quizás es que los rendimientos no dan. Se dice que Chile tiene los mejores rendimientos en trigo y están llegando algunos con potencial de 140 quintales por hectárea, pero no llegamos ni cerca. Ese es un ejemplo para graficar que las potenciales producciones esperadas no son las que tenemos, entre otros factores, probablemente porque estemos ocupando menos fósforo que el que necesitamos”, dice José Antonio Alcázar.

Chile importa del orden de  1,2 millones de toneladas de fertilizantes al año, de las cuales el 26% corresponde a superfosfatos