Sombras y luces de la emergencia

Sombras y luces de la emergencia

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Osorno sale hoy de su peor emergencia sanitaria registrada desde el terremoto de mayo de 1960 y es el momento de comenzar a hacer un balance.

Una de las razones por las cuales el Estado tomó la determinación de concesionar servicios básicos como el agua, tuvo que ver con la necesidad de atraer inversiones y liberar recursos públicos que se destinan a otras prioridades como educación, salud y vivienda. Este esfuerzo, que no implica la “venta del agua” como algunos han buscado caricaturizar, ya que después de un plazo el servicio regresa a su dueño, es decir al Estado, requería de la destinación de recursos para la correcta fiscalización técnica del servicio.

No cabe duda que estas concesiones permitieron realizar avances relevantes en cobertura y en el ámbito del tratamiento de aguas servidas que en nuestra zona tomaron cuerpo hace alrededor de 15 años. Sin embargo, es también evidente que ese impulso inicial ha perdido fuerza y el Estado no ha dado el ancho para proyectarlo.

Tuvimos la suerte de que julio es un periodo de baja producción de leche y por esa razón hubo una amplia disponibilidad de camiones que pudieron dedicarse a las labores de distribución de agua. Con ese plus logístico, el corte masivo de agua nos permitió ver también en acción un despliegue coordinado de instituciones que nos demostraron que Chile sí ha aprendido lecciones desde el terremoto de febrero de 2010.

En el manejo de la emergencia, lamentablemente, desde el jueves 11 en adelante el país fue testigo de una serie de anuncios confusos acerca de la reposición del servicio, los cuales pusieron a prueba la paciencia de los osorninos. Los compromisos incumplidos fueron la prueba fehaciente de que el Estado no ha sido capaz de fiscalizar correctamente esta concesión, ya que durante 10 días estuvo permanentemente a merced de lo que la empresa señalaba sobre la emergencia. Esta es, sin duda, la gran lección que Chile debe sacar de este evento inédito y nos permite reafirmar nuestras dudas cuando el aparataje estatal irrumpe en sectores sobre los cuales tiene un conocimiento superficial para iniciar una millonaria caza de brujas por un supuesto “brote de fiebre q” que nunca pudo probar.

Finalmente, y tal o más preocupante que lo anterior, resultó comprobar la vulnerabilidad del sistema: bastó que una sola persona no cerrara la llave del petróleo que abastecía unas bombas, para ocasionar una emergencia que bien pudo ser una catástrofe. El día de mañana, si algo menos visible que este combustible es arrojado al sistema, debemos estar mucho más preparados que la madrugada del 11 de julio de 2019.