Perros asilvestrados y errantes: ¿quién se hace cargo?

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Perros asilvestrados y errantes: ¿quién se hace cargo?

Christian Arntz Mac-Evoy. Presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera, SAGO AG.
  • Por supuesto que estamos de acuerdo con la tenencia responsable, pero, ¿quién se hace cargo ¡ahora! de los daños que genera la muerte de miles de animales silvestres, ovejas, vacunos y ciervos en nuestra zona?

De manera insistente hemos tratado de sensibilizar, tanto a las autoridades como comunidad en general, respecto de los graves problemas asociados a los perros asilvestrados y errantes sin dueño, responsables de la muerte de miles de animales, tanto silvestres como destinados a la producción, además de la propagación de enfermedades en nuestros campos.

Al fenómeno antes descrito, se ha ido sumando en los últimos años las verdaderas hordas de liebreros que bajo la excusa de una casa de estos pequeños animales, se internan sin permisos en los campos con sus perros de caza, los que persiguen a todos los animales que encuentran, provocando la destrucción de cercos y daños mayores, contaminando además las praderas de predios que cumplen con las exigentes normas del Servicio Agrícola y Ganadero, SAG. Para qué ahondar en las legítimas dudas que nos asisten respecto de la directa vinculación entre hechos delictivos mayores y este “deporte” de internarse con animales y armas en nuestros predios, sin permiso de nadie, en una verdadera ley de la selva.

Tanto los perros asilvestrados, como de caza sin regulación y errantes sin dueño, son una especie invasora que causa graves daños en los campos y áreas protegidas. Es por ello que la falsa conciencia que promueven los autodenominados animalistas atenta contra las soluciones de fondo: por supuesto que estamos de acuerdo con la tenencia responsable, pero, ¿quién se hace cargo ¡ahora! de los daños que genera la muerte de miles de animales silvestres, ovejas, vacunos y ciervos en nuestra zona? Si asumen una férrea defensa, entonces quizás también puedan asumir los costos que dejan la acción de sus “defendidos”. Podrían avisarnos para enviarles las facturas por los daños…

Es justamente este debate de poca altura el que ha impedido incluso que se cumplan compromisos básicos como la articulación de la mesa de análisis de esta problemática, propuesta en su minuto por el ministro de Agricultura Carlos Furche.

El lunes, Agustín Iriarte, zoólogo y director de la Consultora Flora y Fauna Chile, declaró que “la única solución para controlar a los perros asilvestrados es matarlos, y a los animalistas que protestan yo les digo: ‘decidan, vida silvestre o perros’ “. Esta visión descarnada del problema puede ser un buen punto de partida para abordar de una vez la reposición del decreto del SAG que en 2015 permitía la caza de perros asilvestrados, pero no se pudo aplicar por los supuestos “defensores” de la vida animal.

Perros asilvestrados

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Perros asilvestrados

El Mercurio / Lucía Fontaine Cox, agricultora
  • Cabe preguntarse, entonces ¿no constituye “maltrato animal” la muerte de terneros, potrillos, ovejas, ciervos? ¿Sólo debe protegerse a los perros?

Hace unas semanas, una jauría de perros “asilvestrados” mató cruelmente a 20 ciervos de nuestro criadero. El ataque duró menos de 15 minutos en los que, mordiéndoles en sus cuellos, les produjeron una muerte lenta y cruel por desangramiento. No se los comieron.

Relaté este hecho en las oficinas del SAG de Talagante y de Paillaco, y en ambos casos los funcionarios me informaron que han recibido innumerables quejas de pequeños ganaderos, a quienes incluso les han matado vacas con sus crías. La ganadería en el sur ha sufrido pérdidas millonarias por la presencia de estos perros, que al actuar en grupos grandes atacan a animales mayores hasta causarles la muerte.

Hoy está prohibido por ley (art. 291 bis del Código Penal promulgado durante el primer gobierno de la Presidenta Bachelet) matar a uno de estos perros, por constituir “maltrato animal”. Cabe preguntarse, entonces ¿no constituye “maltrato animal” la muerte de terneros, potrillos, ovejas, ciervos? ¿Sólo debe protegerse a los perros? Una dirigente de los animalistas dijo que los perros asilvestrados que merodean en los sectores rurales tienen dueño. Falso. ¿Acaso ella no sabe que los perros se reproducen? Basta un par de hembras abandonadas y en pocos meses tenemos 12 perros sin dueño. A esos perros nadie los alimenta (eso es maltrato animal), por lo que se transforman en cazadores.

El segundo gobierno de la Presidenta Bachelet se dejó dominar de una manera inexplicable por un grupo fanático de animalistas, y suspendió la entrada en vigencia del decreto que consideraba como animal dañino a los perros asilvestrados dentro del Reglamento de Ley de Caza.

Acaba de promulgarse la “Ley de Tenencia Responsable de Mascotas”. Bien. Pero ¿qué se hace ahora con los cientos de jaurías sin dueño que en estos días merodean por los cerros, bosques y campos del país?

Ya sabemos lo que va a pasar: cuando uno de estos perros asilvestrados mate a un niño, o a una persona “en situación de calle” o a un minusválido, entonces recién se promulgará alguna normativa al respecto.

Señor consumidor: la mejor carne le está siendo negada

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Señor consumidor: la mejor carne le está siendo negada

Christian Arntz Mac-Evoy. Presidente Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.
  • La categoría ‘V’ es tan amplia, que en ella caben carnes de subespecies como el cebú.

Hace un mes, la Federación de Sindicatos de Trabajadores de la Carne, Fenasicar, nos invitó como gremio a un seminario para abordar los desafíos del sector, con criterio de unidad. Desde entonces hemos trabajado junto a ellos y a la Asociación Gremial de Plantas Faenadoras, Faenacar, los puntos de encuentro para establecer un norte común que permita sacar de su endémico estancamiento a este sector productivo.

Nuestra carne se produce mayoritariamente en base a pastoreo, lo que la convierte en una de las mejores y más sanas del mundo, no obstante, los consumidores han visto limitado su acceso a ella, principalmente, por la errada Norma de Tipificación que surgió hace un cuarto de siglo, con el objetivo de poner de acuerdo a productores con industriales para la transacción de los animales, pero no necesariamente tuvo como foco orientar a las personas acerca de cuál es la mejor calidad.

La Norma de Tipificación considera aspectos como la cobertura de grasa, contusiones y edad del animal, esta última relacionada a la cronometría dentaria. Sin embargo, ninguno de estos aspectos está relacionado directamente con la calidad de la carne. Los grandes supermercados, que manejan el 77% de la oferta, han promocionado una sola categoría, la V, que como dijimos, no tiene que ver necesariamente con calidad, dejando fuera otras que a la experiencia del consumidor son similares e incluso, en algunos cortes, superiores. Por ejemplo, un filete nacional que hoy califica como U, y por lo tanto no llega a los supermercados, pero es una delicia en restaurantes especializados, sí puede llegar a la misma góndola del retail como carne importada, por la difícil fiscalización de nuestra norma.

Chile es deficitario en carne. Por supuesto que existen otros elementos que explican este fenómeno, a parte de la Norma de Tipificación, pero como Sago creemos que este punto se debe abordar cuanto antes, ya que este artilugio excluye categorías consumibles, dejando el mercado nacional con menos oferta y nulas posibilidades de competir con la carne importada.

La categoría “V” es tan amplia, que en ella caben carnes de subespecies como el cebú, que vienen mayoritariamente de Brasil y Paraguay, con características muy distintas a la proveniente de la ganadería nacional, no obstante el consumidor no se entera de ello.

Un Gobierno preocupado de reescribir la historia

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Un Gobierno preocupado de reescribir la historia

José Antonio Alcázar Martínez, gerente general de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • No nos ha quedado más que asumir que el Minagri, definitivamente, ha dejado atrás su tradición técnica, para caer en la propaganda ideológica.

Fue en junio de 2016 cuando la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG, planteó por primera vez al Ministerio de Agricultura la inconveniencia de llevar a cabo una campaña de conmemoración de la Reforma Agraria, donde se asumía una sola mirada.

No sólo nunca recibimos una respuesta a la misiva. Con el correr de los meses, la campaña pagada por todos los chilenos fue aumentando, con iniciativas como la destinación de recursos para un documental de 110 millones de pesos, cuya “contraparte técnica” es el ex líder mirista Andrés Pascal Allende. A pesar de este hecho lamentable en curso, y demostrando nuestro interés de seguir contribuyendo desde nuestro ámbito al desarrollo de nuestro país, estuvimos dispuestos a proponer y desarrollar junto con el Minagri una intensa agenda de trabajo, la cual presenta a la fecha avances en algunas áreas específicas.

No obstante lo anterior, las persistentes señales del Gobierno nos tienen hoy hablando más tiempo de su porfiada reinterpretación ideológica del pasado por sobre el futuro. La apología a la Reforma Agraria incluye una muestra fotográfica con leyendas del tipo: “Gracias a la Reforma Agraria, los niños y niñas pudieron dejar de trabajar y comenzaron a ir a la escuela” y en el mismo tenor hay obras de teatro y canciones, también financiadas por el erario nacional. Ante tamaña tergiversación, no nos ha quedado más que asumir que el Minagri, definitivamente, ha dejado atrás su tradición técnica para caer en la propaganda ideológica, invirtiendo en ello recursos que no abundan, como lo demuestra, entre otros, los más de 900 productores de Indap de nuestra región que no pudieron ser beneficiados con el último llamado del Programa de Recuperación de Suelos.

Como SAGO, no sólo hemos tomado la decisión de recurrir a los organismos pertinentes para clarificar el alcance de esta campaña: también hemos decidido comenzar a exponer la otra cara de la moneda de este proceso sobre el que se cuenta una historia falsa, donde por la fuerza fue expropiado el equivalente a tres regiones de La Araucanía, sin una compensación justa a los propietarios y en medio de un clima de violencia, con la excusa de dar tierra a los trabajadores, cuando lo que en realidad se hizo fue dejar la propiedad en manos del Estado, tal como ocurrió en los fracasados modelos soviético y yugoslavo.

A menos de una semana del aniversario de la ley que le dio un ritmo vertiginoso la Reforma Agraria, sólo nos queda señalar que este Gobierno ha herido de manera profunda el histórico rol técnico del Minagri.

La vergonzosa apología a la Reforma Agraria

Columna Ricardo Montesinos

La vergonzosa apología a la Reforma Agraria

Harold Brethauer Meier. Vicepresidente Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • En realidad fue el crecimiento impulsado por la libertad económica el que permitió que los niños  del campo y de la ciudad, pudieran dejar de trabajar, ir a la escuela y usar zapatos.

Hace ya poco más de un año, el Gobierno, a través de su Ministerio de Agricultura, inició una campaña de apología a los 50 años de la Reforma Agraria, la que incluye frases como “Gracias a la Reforma Agraria, los niños y niñas campesinos dejaron de trabajar, pudieron ir a la escuela y comenzaron a usar zapatos”. La campaña, obviamente, no considera la visión de ninguno de los miles de agricultores a los cuales se los despojó prácticamente sin compensación alguna, de sus bienes, su fuente de subsistencia y sus hogares. Tampoco se dice nada de cómo la violencia y los constantes atropellos a los derechos humanos que se produjeron en torno a la Reforma Agraria, fueron los factores que condujeron al derrumbe institucional de nuestro país y de nuestra democracia.

Existen dos mitos que se intenta instalar en torno a la Reforma Agraria. El primero es de carácter económico, y nos dice que gracias a esta política, nuestra agricultura pasó de ser una altamente ineficiente, a ser la agricultura eficiente y moderna que es hoy. Pero la realidad muestra que el destino de nuestra agricultura se decidió en el proceso de apertura económica y comercial que sobrevino inmediatamente después. La Reforma Agraria se vivió de manera similar en todas las zonas del país, sin embargo, la agricultura del norte y del sur obtuvieron desempeños muy distintos. Mientras la zona centro norte del país, con condiciones climáticas muy favorables al sector exportador, experimentó un boom durante las décadas de los ochenta y los noventa, la agricultura de la zona centro sur, dedicada principalmente a la sustitución de importaciones, sufrió una realidad totalmente opuesta, con miles de hectáreas con aptitud agrícola que terminaron plantadas con pinos y eucaliptos, agroindustrias prácticamente desaparecidas y un gran empobrecimiento de sus sectores rurales. Esta dispar realidad se condice perfectamente bien con el término de la condición autárquica en que se encontraba el país y el proceso de apertura comercial, donde siempre hay ganadores y perdedores, industrias que florecen y otras que mueren. Y no puede ser explicada por un proceso que se aplicó de forma uniforme en todo el país.

El segundo mito de la Reforma Agraria tiene una connotación mucho más profunda y señala que con el término del latifundio se eliminó una estructura de dominación social, política económica y cultural que se había mantenido intacta desde la colonia. La verdad, es que el poder político de la oligarquía chilena estaba ya muy disminuido antes de comenzar el proceso de la Reforma Agraria. En 40 años el conservadurismo sólo había logrado ganar dos elecciones presidenciales, el 32 con Arturo Alessandri, quién paradojalmente en su primera presidencia se había encargado de destruir el poder oligárquico representado en la república parlamentaria y el 58 con su hijo Jorge, quién aunque con un espíritu muy acotado fue el iniciador de este proceso.

Además se debe considerar que si bien la propiedad de la tierra en la zona central del país estaba muy ligada a la oligarquía, a la iglesia católica y al partido conservador, la realidad del resto del país, especialmente del Bio-Bio al sur  era diametralmente distinta. La propiedad de la tierra estaba principalmente en manos de descendientes de inmigrantes, fuertemente marcados por una ética protestante, políticamente vinculados al partido radical y con un marcado carácter mesocrático. Esta división cultural se manifiesta hasta hoy en la existencia del Consorcio Agrícola del Sur como contraposición a la santiaguina Sociedad Nacional de Agricultura. Así, ese supuesto poder incontrarrestable  y hegemónico  de la clase latifundista, estaba lejos de existir a esas alturas de nuestra historia.

Lo que realmente le cambió la cara a este país fueron las reformas económicas implementadas a partir de 1973, ya que aunque el PIB agropecuario se quintuplicó desde ese año en adelante, no pudo crecer al mismo ritmo que el resto de la economía, que es lo que siempre ocurre cuando un país se encumbra al desarrollo, transformándolo de agrario, a productor de servicios, proceso al cual le falta aún mucho camino por recorrer, por supuesto.

En realidad fue el crecimiento impulsado por la libertad económica el que permitió que los niños  del campo y de la ciudad, pudieran dejar de trabajar, ir a la escuela y usar zapatos. La misma libertad que se intenta conculcar con ésta, y muchas otras campañas de desinformación realizadas con recursos de todos los chilenos y que incluye un presupuesto millonario a cargo de un líder mirista, haciendo de esta una desvergonzada campaña de apología con una clara orientación ideológica.

Deuda de tierras: ¿Alguien puede aclarar las cifras?

Columna Ricardo Montesinos

Deuda de tierras: ¿Alguien puede aclarar las cifras?

Ricardo Montesinos, director Multigremial del Sur, en La Tercera.

En su última aparición pública, el director nacional de Conadi aseguró que el Estado había adquirido 170 mil hectáreas que equivalían al 10% de la “deuda” con el pueblo mapuche. No deja de llamar la atención que en 2014, las cifras del servicio publicadas en un amplio reportaje de La Tercera ya hablaran de casi 500 mil hectáreas traspasadas desde 1994 a esa fecha. ¿A cuál de las dos cifras hay que creerle?

Pero hay más. En el mes de junio, la Presidenta Michelle Bachelet aseveró que durante los últimos 25 años “hemos comprado, subsidiado o regularizado casi 230 mil hectáreas de tierras indígenas al pueblo mapuche y sólo por ese ítem, el Estado ha invertido 584 mil millones de pesos”.

Poco importa en el debate, al parecer, que la mayoría de los beneficiados con las miles hectáreas no viven en las tierras entregadas, según Conadi, por falta de luz eléctrica, agua potable, caminos, etc… lo que hace en su gran mayoría, estas hectáreas permanezcan improductivas, en un fenómeno similar al proceso de Reforma Agraria que terminó por expropiar 10 millones de hectáreas a sus legítimos dueños, generando una caída de casi 7 puntos en el PIB agrícola, hacia el año 1973, sin considerar la estela de odio propia de la retórica de un proceso que el actual Ejecutivo se empeña en “rescatar”, entregando para ello 110 millones de pesos a un ex mirista encargado de hacer un documental al respecto.

En esta danza de hectáreas cuyo número exacto no se ve claro, el mundo político sigue sin poner el acento sobre cuándo se terminará de pagar la deuda, lo que a todas luces resulta kafkiano, dado que de acuerdo a los datos de la Multigremial de La Araucanía, la problemática de tierras está absolutamente cuantificada: de las 512.493,67 hectáreas que reconocían los títulos de Merced del siglo XIX, a inicios de los 80 quedaban 463.409,81, es decir, se había generado una diferencia de 49.000 hectáreas, aproximadamente, en contra del pueblo mapuche. Esa era la deuda sobre la cual había que trabajar, antes de entrar en esta inorgánica vorágine de compras y entrega con una finalidad poco clara.

Aún agregando las ventas de terrenos que permitió el marco jurídico vigente, es claro que hoy existen ya más de 512 mil hectáreas establecidas por los títulos de Merced en manos de mapuches.

Y el problema sigue creciendo, ya que de acuerdo al catastro realizado por la Conadi, si en el año 1994 eran 538 las comunidades que postulaban buscar el beneficio, dos décadas después el número bordeaba ya los 2.100.

El explosivo incremento de estas agrupaciones que reclaman territorio al Estado, se ve propiciado por la legislación, que permite la división comunidades, lo que comprobadamente generó que muchas de ellas se vean beneficiadas más de una vez. Hace ya tres años, la Fundación Aitue reconocía que solo se necesitaba que se reúna un grupo de diez personas para generar una comunidad y ponerse en la lista de los aspirantes a recibir tierras, provocando una presión ilógica al proceso, básicamente porque el territorio no es infinito.

Tanto la Conadi, en cuanto servicio dependiente, como su programa de entrega de tierras, muestran caducidad. A casi 25 años de la promulgación de la Ley Indígena, el plan demuestra haberse extraviado en el horizonte y en la ejecución, y lo que se requiere hoy es un organismo capaz de tener acción propositiva a nivel legislativo, capacidad en el diseño de políticas públicas y coordinación en materia de diálogo.

Las tierras debieran tener una finalidad productiva, y en tal sentido se requiere dar un giro al sistema. Partiendo por esclarecer cuál es la “deuda”, para poder saldarla en un plazo programado, y luego atender a las verdaderas demandas detrás de la entrega a granel, ya que un botón de muestra clarificador es el estudio de “Población Mapuche regiones del Bío Bío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos”, que arrojó que más de un 88% de los mapuches encuestados estima que las tierras deberían entregarse a familias y no a comunidades.

¡Traigamos el campo a la ciudad!

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¡Traigamos el campo a la ciudad!

Adriana Mohr Thöne. Directora Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • Estamos hablando, entonces, de introducir una variable adicional en la gestión de las áreas verdes urbanas.

La provincia de Osorno, entendida como la capital agropecuaria del sur de Chile debido a la gran cantidad de rubros productivos que se desarrollan en ella, no escapa a la concentración poblacional en centros urbanos que se da en todo el país, en un fenómeno que aleja a las nuevas generaciones de la vida natural.

Para SAGO AG es conocido el hecho de que la mayor parte de los jóvenes desconoce la forma práctica en que se producen los alimentos de su territorio y si bien es cierto cada año reunimos en SAGOFIUR a más de 40 mil personas para, entre otros objetivos, acercar el campo a la ciudad, sabemos que ello es insuficiente.

Fiel a su tradición, la ciudad capital provincial cuenta hoy con áreas verdes muy bien tenidas y parques, como el Cuarto Centenario, que son un verdadero orgullo por el patrimonio forestal que conservan y que les permiten alzarse como pulmones verdes privilegiados, no obstante, creemos que podemos hacer mucho más, si nos unimos en un objetivo común.

Nuestros centros urbanos cuentan con el espacio suficiente para albergar también granjas educativas y huertos urbanos donde el quehacer productivo del territorio y la forma de vida que en él vive, se haga manifiesta en la ciudad, de manera permanente.

Lo que señalamos no es posible realizar por medio del esfuerzo de un solo gremio o de un organismo estatal en particular, porque sabemos que el trabajo con la naturaleza demanda una atención y compromiso constante.

Imaginar una plaza con frutales o un parque con espacios para hortalizas y, por qué no, sectores donde exista presencia permanente de bovinos y ovinos, en alianza con las juntas de vecinos de los respectivos sectores donde estos se emplacen, es perfectamente posible de realizar y estamos convencidos de que ellos serán puntos de encuentro para escuelas, liceos y colegios y afianzará también el camino que ha emprendido el territorio como polo de atracción turístico.

Pero no sólo eso. A fines de junio, la BBC dio a conocer los espectaculares resultados que están teniendo en las plazas alemanes los árboles de musgo creados en ese país, los que brindan servicios ambientales equivalente a 275 árboles naturales en materia de captura de CO2, una necesidad invaluable para zonas saturadas de contaminación como Osorno.

Estamos hablando, entonces, de introducir una variable adicional en la gestión de las áreas verdes urbanas, donde la importancia de la naturaleza en la vida diaria de los seres humanos y el valor del trabajo de la tierra para la alimentación y el cuidado del medioambiente, tienen una bajada práctica.

Tipificación de la Carne: competir con freno de mano

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Tipificación de la Carne: competir con freno de mano

Sergio Willer Daniel. Director Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • ¿Qué proponemos? Terminar de una vez por todas con la norma, dejando dos categorías de carne: de consumo e industrial.

Esta semana que termina, nuestro gremio asistió a la reunión de la Federación de Productores de Carne de Chile, Fedecarne, para expresar la urgente necesidad de poner término a la lacra de la Tipificación de la Carne por Cronometría Dentaria.

Somos el único país del mundo en donde esta norma tiene carácter de obligatoria, es decir, se nos aplican criterios por sobre la Ocde, pagados a precio de tercer mundo. No es casual que desde la entrada en vigencia de este cuerpo legal, la masa ganadera chilena haya caído a 2,4 millones de cabezas, con una pérdida de más del 40% sobre el mayor conteo del año 1997, aún cuando existe otra indiscutible causa vinculada al Tratado del Mercosur.

Si bien es cierto que el consumidor nacional prefiere nuestra carne, hoy en los supermercados, donde se vende el 77% de ésta, ella sigue siendo muy escasa. Esto se origina, además de nuestra baja masa ganadera, en el hecho de que el principal poder comprador sólo acepta en sus góndolas categoría “V”, lo que genera un rápido quiebre del stock que obliga al consumidor nacional a comprar carne de otras procedencias y dudosa rotulación.

La cronometría dentaria –edad del animal- determina qué carne es o no “V”. ¿Es la edad la que establece la calidad de este producto? Para nada, es más, en aspectos de calidad influyen muchos otros factores no considerados en la norma. ¿La oferta proveniente del exterior que se ofrece como “V” es tal? Tampoco. ¿Qué estamos haciendo como país al seguir adelante con esta normativa? Simplemente, obligar a los agricultores y ganaderos a competir con freno de mano. ¿Es eso culpa del Mercosur? No. Somos nosotros mismos los que nos hemos amarrado a estas reglas, otorgándole gratuitamente al retail una herramienta para castigar el precio de la carne y del ganado nacional.

La relación entre el precio del novillo y vaca (V/U) antes de la tipificación, era del 77%. Posterior a esta, cae al 63%, vale decir, 14% menos. Y si a ello le agregamos que el precio del novillo no se ha visto favorecido por la tipificación, SAGO ha logrado estimar que las pérdidas para los ganaderos por la aplicación de la tipificación son del orden de los 1.100 millones de dólares.

¿Qué proponemos? Terminar de una vez por todas con esta norma, dejando dos categorías de carne: de consumo e industrial, avanzando así hacia una normativa enfocada en las necesidades del  consumidor, por medio de parámetros objetivos a definir en conjunto con nuestros socios: la industria. Sólo así, aseguraremos un precio decente para animales adultos y una competencia leal con la carne importada, es decir, las mismas reglas con que juegan los demás países.

Reforma Agraria y el mito de los títulos de dominio para campesinos

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Reforma Agraria: Ni la DC ni  la UP entregaron un solo título de dominio a los campesinos

Rodrigo Montesinos Vásquez. Ex ingeniero agrónomo del SAG Comisionado en la Cora
  • Los campesinos solo cambiaron el patrón antiguo por el nuevo patrón Estado. Ellos no participaban de los planes de explotación elaborados por nosotros los funcionarios, clamaban por capacitación que nunca tuvieron y observaban sorprendidos la llegada de tractores rusos que nunca pidieron.

“Cuando se han sembrado vientos, se cosechan tempestades, y cuando se han desarrollado ilusiones se cosechan desesperanzas”, escribiría premonitoriamente un día Jorge Rogers Sotomayor, fundador de la Falange. Leo que estos días se ha celebrado una conferencia organizada por la Universidad de Los Lagos para conmemorar los 50 años de la promulgación de la ley de Reforma Agraria, en 1967, bajo el gobierno de Frei Montalva. Estábamos en plena guerra fría y la Democracia Cristiana decidió aportar con leña para el fuego de la lucha de clases. Disfrazada como una reforma para dar mayor bienestar a los trabajadores agrícolas, escondía su objetivo último de terminar con la propiedad privada, mediante la lucha de clases, el odio y la violencia con sus consecuencias de muerte y destrucción.

Viví la Reforma Agraria por dentro, como ingeniero agrónomo del SAG comisionado en la CORA. Nuestro jefe era un joven profesor de gimnasia que se presentaba en la oficina vistiendo el uniforme verde oliva de la brigada Ramona Parra del partido comunista y le tocaba dirigir a agrónomos y médicos veterinarios.

Su acento cubano delataba alguna capacitación en dicho país para aplicarla en Chile. El resto de los jefes eran técnicos electricistas o activistas. Los campesinos solo cambiaron el patrón antiguo por el nuevo patrón Estado. Ellos no participaban de los planes de explotación elaborados por nosotros los funcionarios, clamaban por capacitación que nunca tuvieron y observaban sorprendidos la llegada de tractores rusos que nunca pidieron, ignorando que los tractores habían sido trocados por el gobierno a cambio de ayuda económica.

Me confesaban su inocente ilusión de ser propietarios algún día, ignorando las declaraciones públicas del ministro Chonchol que no contemplaba la entrega individual de la tierra sino formar grandes haciendas estatales, la máxima aspiración de un marxista. Ni el gobierno de la DC ni el de la UP entregaron un solo título de dominio a los campesinos. Solo lo hizo el gobierno militar en cuanto se hizo cargo. La Reforma Agraria solo produjo hambre al país, ya no había harina para el pan y el estanco de la carne solo permitía el consumo un día a la semana. La Reforma Agraria solo debe ser recordada como el peor engendro legal de la historia chilena, que sembró los vientos que se transformaron en tempestades.

Reforma Agraria y la apología a las violaciones a los DDHH

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Reforma Agraria y la apología a las violaciones a los DDHH

Harold Brethauer Meier. Vicepresidente Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO AG.
  • Es preocupante que las instituciones del Estado insistan en reescribir la historia de este proceso que fue más que un desastre productivo”.

Desde 2016, el Gobierno, a través de su Ministerio de Agricultura, inició el financiamiento de una campaña de apología a los 50 años de la Reforma Agraria, buscando reescribir la historia de la ley 16.640, que permitió darle un ritmo vertiginoso al proceso expropiatorio de un total de 10 millones de hectáreas, en el marco de un espiral de violencia y constantes atropellos que condujeron al derrumbe institucional de nuestro país.

Ya el año pasado, Sago AG hizo ver al Ministerio de Agricultura lo inapropiado de utilizar sus plataformas web para resaltar un proceso que sobre todo desde 1967 en adelante, generó heridas profundas en Chile. Pero el proceso sigue su curso inalterable. Es así como el miércoles pasado, este mismo enfoque expresado por la cartera del agro se desplegó también en una actividad mal organizada por la Universidad de Los Lagos, en el marco de un seminario que lejos de confrontar ideas distintas, se pareció más a un mitin de propaganda política que la aleja de su rol público, algo que, según se nos ha informado extraoficialmente, reparará en parte por medio de la realización de nuevas jornadas de reflexión sobre la materia.

Consideramos muy preocupante que las instituciones del Estado insistan en reescribir la historia de este proceso que no sólo fue un desastre productivo y económico, sino que también constituyó un atropello flagrante a los derechos humanos de miles de chilenos.

La Declaración Universal de Derechos Humanos señala en su artículo 17 que toda persona tendrá derecho a la propiedad individual y que nadie podrá ser privado arbitrariamente de ésta, algo que de nada sirvió a los afectados que quedaron en la más absoluta indefensión y tuvieron que resignarse a recibir pagarés no reajustables a quince años, que se hicieron humo en la inflación de tres dígitos de la época. Muchísimos fueron expulsados violentamente por grupos armados ilegales y obligados a salir solo con lo puesto. Muchos otros se vieron obligados a vender a precios irrisorios producto del chantaje y las constantes amenazas, tal como hoy está ocurriendo nuevamente en La Araucanía y donde un importante sector del país sostiene la misma actitud permisiva que ya vivimos antes.

http://www.australosorno.cl/impresa/2017/06/11/full/cuerpo-principal/8/texto/