¿Estamos mal? Veamos de dónde venimos

Christian Arntz

¿Estamos mal? Veamos de dónde venimos

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

No existen dos miradas respecto de cuál es el país que queremos, porque todos queremos estar mejor. ¿Contamos con la salud, educación, ingresos o seguridad ideales? Por supuesto que no. ¿Quiere decir que hemos fracasado como país y necesitamos repensarlo todo? Tampoco.

Para medir el éxito o fracaso del lugar en donde estamos, es indispensable entender realmente el lugar de dónde venimos. Hace 50 años, el país tenía una esperanza de vida de 63,3 años, en tanto hoy es 79,5 y mientras la mortalidad infantil era de 80 por 1.000, hoy es de 9.

El rol jugado en éste ámbito por nuestra producción pecuaria es trascendente y ha aportado con más y mejores empleos, más que duplicando su aporte al Producto Interno Bruto de la Nación en sólo dos décadas.

La cobertura de enseñanza media no llegaba al 50% hace 50 años y hoy es de casi el 100%; mientras que la educación superior ya arriba a una cobertura del 50% que equivale a más de 1,2 millones de jóvenes entre 18 y 24 años. Todas estas cifras son récord y no se han generado por simple inercia, como lo demuestra que este tiempo hemos superado a muchísimos países en todos estos indicadores. El vilipendidado modelo permitió acabar con la desnutrición, ampliar la esperanza de vida en 15 años y la cobertura educacional en cifras superiores a nuestros pares en la región.

Chile no está peor, al contrario, la generación actual vive más y mejor que aquella que la precedió. Nuestro país es mucho más que “una buena fachada”, como dijo un irresponsable economista que entrega la base teórica a quienes se sienten validados para generar cambios por la fuerza.

Es el emprendimiento privado el motor que ha entregado al Estado los recursos para cumplir su labor. Hoy, el presupuesto de la nación asciende a más de 70 mil millones de dólares, una cifra jamás alcanzada en la historia de nuestra patria y es este monto el que permite financiar todos los programas sociales que aseguran una mejor redistribución.

La pregunta que debemos hacernos, es que si el Estado dispone de más recursos que nunca, ¿por qué en estos últimos años ya no logra hacer su parte para mejorar la calidad de vida de la gente a la velocidad que nos habíamos acostumbrado? ¿Y si la plata está, pero no le llega a la gente, no será porque Estado es ineficiente?

Hacemos un llamado a nuestros representantes políticos a valorar lo que este país ha alcanzado en democracia y a entender que la violencia ejercida por una minoría debe ser erradicada. Podemos estar mejor, por cierto, pero eso podremos lograrlo con unidad y sin polarización.