La fruticultura y los pantalones largos

La fruticultura y los pantalones largos

Cristian Parra Hernández, Director de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G. Ingeniero Agrónomo – Perito Agrícola
  • Con el desarrollo de mercados externos e integración vertical que incentive la elaboración de productos con valor agregado, la fruticultura chilena en el sur de Chile sencillamente no tiene techo.

Una nueva temporada acaba de cerrarse para la producción frutícola en nuestra zona y una cosa es segura: ya no estamos en presencia de rubros emergentes, sino de un sector consolidado y con altas perspectivas de crecimiento.

Y si bien cada día que se compara a la fruticultura con los denominados rubros tradicionales –carne y leche- se levanta cada vez más como la “niña bonita” del sector agropecuario, la verdad es que independiente de las coyunturas de precio que hacen más o menos rentable el trabajo de los agricultores en un mundo globalizado, el productor frutícola no escapa a los desafíos de sus pares: calidad, trazabilidad y sustentabilidad de las operaciones; necesidad de asociarse e integrarse verticalmente para abarcar más mercados y dar valor agregado.

En primer término, la calidad no sólo tiene que ver hoy con lo que el consumidor lleva a su mesa. Tan importante como lo anterior es el cómo se trata la tierra, el bienestar social de los trabajadores y las comunidades que se encuentran en el entorno: en otras palabras, calidad no puede disociarse de la sustentabilidad de la operación.

No obstante este primer punto está alcanzado –obviamente siempre existen áreas que mejorar- es indudable que la fruticultura no es ajena a la problemática de la falta de asociatividad entre productores que exhiben otros rubros de la zona y que impide a muchos obtener los beneficios de tener un país de fronteras abiertas y desarrollar el incentivo de dar valor agregado a la producción que en el caso de la fruta, tiene que ver con la elaboración de jugos, frutos secos, postres, jarabe, extracción de azúcares, aromatizantes, subproductos para uso farmacéutico, etcétera.

El tiempo ha dejado claro que las ventajas comparativas del país en materia de avellanas hacen a Chile un actor que sólo está destinado a seguir creciendo. Lo mismo ocurre con las cerezas y si bien es cierto los arándanos parecen haber llegado a su punto de madurez, es por medio de la búsqueda del siguiente eslabón que hemos abordado donde el rubro puede seguir creciendo.

Con el desarrollo de mercados externos e integración vertical que incentive la elaboración de productos con valor agregado, la fruticultura chilena en el sur de Chile sencillamente no tiene techo y en ese sentido, la tarea de los actores del sector es apuntar a la asociatividad, aprovechar el aporte público que realiza ProChile para identificar las oportunidades en el exterior y las formas de aprovecharlas, como asimismo, desarrollar estrategias para aumentar el consumo de frutas per cápita en el país.