Pensiones, populismo y asistencialismo

Pensiones, populismo y asistencialismo

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

En el año 2018, el Índice Global de Pensiones Melbourne Mercer ubicó al sistema previsional chileno en octavo lugar a nivel mundial. Para muchos de sus detractores, el resultado pareció una mala broma, no obstante, existen razones objetivas para dicha medición, comenzando por el hecho de que en las naciones donde hay pensiones altas y bajas edades de jubilación, el dinero simplemente no alcanza.

Países como Grecia y Francia, por mencionar algunos, han debido enfrentar revueltas sociales de gran envergadura -el Metro de París funciona a menos de un cuarto de su capacidad desde hace más de un mes-, debido a que los gobernantes han debido transparentar algo que en tiempos de populismo se elude: la protección social cuesta dinero y éste tiene que salir de alguna parte.

Hoy, en Chile estamos en presencia de una propuesta que avanza decididamente, gracias a la “generosidad” de políticos “conscientes”. En el campo existe un dicho que reza “es fácil sacar murras con las manos ajenas”, pues bien, eso es lo que pasa cuando el generoso político anuncia que la solución es la solidaridad que, en pocas palabras, involucra sacarle dinero de la pensión de uno para repartirlo a otros.

Si el Estado no puede pagar su generosidad, entonces debería limitar su solidaridad. La otra opción, y quizás más seria aunque menos popular, es asumir que se debe aumentar la cotización individual; fortalecer el pilar solidario del sistema financiado por medio de impuestos a las personas y no por simple solidaridad impuesta por un político que decidió regalar el dinero de otro; e iniciar un debate serio acerca de si es o no correcto que en un país con esperanza de vida que se acerca a los 90 años la edad de jubilación sea de 60 años para mujeres y 65 para hombres.

En el año 2017, invitado por nuestro gremio, el periodista osornino radicado en España, John Müller, retrató los riesgos que corría el país con el avance del populismo, citando precisamente el ejemplo de su segunda patria: “La lección que deja España es que es muy fácil corromper a una sociedad ofreciéndole el camino del asistencialismo y del reparto de la riqueza. Ese discurso es muy fácil y solo abre la posibilidad de que en muy poco tiempo esa sociedad baje los brazos y deje de asumir su responsabilidad. Esa fue la clave de lo que ha pasado en España. Cuando tú creas un estado benefactor, la gente baja los brazos y cree que sus problemas los tienes que resolver el Estado. Y en España, eso ha sobrepasado el ámbito económico”. Transcurrido casi tres años de esa advertencia, es claro que lo pusimos suficiente atención al caso hispano.