Vaca loca en Brasil

Vaca loca en Brasil

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Un denominado “caso atípico de vacas locas” llevó esta semana al gobierno brasileño a suspender temporalmente las exportaciones de carne a China, pero no a Chile.

¿Por qué la diferencia? Porque en 2015 el gigante asiático y el país carioca firmaron un protocolo sanitario que prevé la suspensión inmediata y de forma preventiva cuando se detectan este tipo de casos.

Nuestro país, en cambio, debe esperar la existencia de un pronunciamiento de la a Organización Mundial de Salud Animal (OIE, por sus siglas en inglés), organismo que rápidamente dio por cerrado el caso y mantuvo la clasificación de riesgo de Brasil para la enfermedad como “país de riesgo insignificante”.

Independiente de que Chile no pueda adoptar una decisión de cierre de fronteras para Brasil a raíz de lo señalado por la OIE, son los consumidores chilenos los que pueden hacer la diferencia al exigir y elegir productos sin riesgo sanitario y no conformarse con riesgos “insignificantes”.

Una vez más, este caso refuerza la idea de que la calidad de la carne que viene de afuera deja un enorme manto de dudas. Es este tipo de situaciones las que deben hacer reflexionar al consumidor respecto de que para adquirir un alimento indispensable en la dieta como es la carne bovina, no da lo mismo el origen.

Quisiéramos poder decir que una de las mejores carnes del mundo, como es reconocida internacionalmente la chilena, está disponible para suplir la oferta extranjera, pero hoy la situación ganadera nacional es precaria, debido a años de competencia desleal, con oferta de calidades muy distintas, fundamentalmente por la aplicación de la Ley de Tipificación, lo cual ha hecho que la oferta de carne nacional haya disminuido a mínimos históricos y esto tomará un tiempo recuperarlo.

Si bien el mercado interno es muy importante, no es menos cierto que es de bajo valor y, por ello, poco atractivo para generar un negocio de excelencia. El consumidor valora poco nuestra excepcional calidad tanto nutricional como sanitaria –pertenecemos al exclusivo grupo de países que pude producir leche y carne en base exclusivamente a pasto-, pero aún no hemos sido capaces de aprovechar esa ventaja comparativa.