Etiquetado de la leche: legislar sin demonizar

Etiquetado de la leche: legislar sin demonizar

Por Christian Arntz Mac-Evoy, presidente Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

Es necesario mejorar el etiquetado de la leche, sin duda alguna, ya sea por la vía un proyecto de ley, como el que impulsan parlamentarios, o por la modificación de reglamentos o decretos, un ámbito donde nuestros representantes en el Congreso son quienes deberán analizar cuál de las dos es la fórmula más efectiva.

En un mundo donde la trazabilidad de los alimentos es una exigencia natural y creciente por parte de los consumidores, la industria alimentaria nacional debe ponerse metas de excelencia.

Estamos convencidos de la existencia de un elemento central que debe estar cubierto a partir de una iniciativa como esta, la cual ya cuenta con el apoyo de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados. Se trata la de ubicar en la cara principal del producto, con un tamaño adecuado regulado vía reglamento para que se pueda leer, si la leche es reconstituida o no y, además, una breve explicación de qué significa la expresión “reconstituida”.

Otro elemento importante a modificar tiene que ver con informar correctamente cuándo la materia prima del queso que se comercializa en Chile son piezas importadas que sólo se laminan en el país, etiquetándose luego como nacionales. En este punto, debe resolverse si existe un vacío legal, reglamentario o, derechamente, una mala fiscalización.

Vemos con preocupación, sin embargo, que la iniciativa que se está comenzando a discutir ha ampliado en demasía sus objetivos, corriendo el riesgo de transformarse en un proyecto que más que ayudar a informar al consumidor, termine generando el efecto contrario. En otras palabras, se debe legislar sin demonizar artificialmente productos ni procesos que cumplen con toda la normativa sanitaria, gravándolos con costos que pagarán los propios productores en el futuro, sobre todo al asumir el desafío industrializador o exportador.

Lo aconsejable frente a esta disyuntiva, es avanzar hacia una legislación simple y comprensible, de manera que no se repita la mala experiencia que hemos tenido por ya más de dos décadas con la ley de tipificación de la carne, la cual traba la producción nacional en su llegada a la góndola, privando a los chilenos de un alimento de primera calidad.

Una denominación de origen llevada al detalle de la comuna de procedencia de la leche, como la que algunos promueven, puede generar una falsa idea de calidad en el consumidor –la leche de Llanquihue es tan buena como la de La Unión- pero sobre todo es inaplicable: plantas como las de Colun, Watts o Nestlé recolectan en campos de decenas de comunas, la que  luego se mezcla obviamente previo chequeo de calidad e inocuidad, y por lo tanto es imposible separarlas por ciudad, provincia o región.

Seguir adelante en este tipo de profundización a la que está llegando la iniciativa, puede llevar a una demonización injusta y también un alza en los costos que terminará impactando la competitividad de la cadena en su conjunto. Es el momento de volver a centrar la discusión y sacar adelante una legislación razonable, aplicable y fiscalizable.