¿Burocracia global irresponsable u oportunista?

¿Burocracia global irresponsable u oportunista?

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Mientras en hospitales y consultorios los funcionarios de la salud dan una lucha heroica frente al coronavirus Covid-19 y sectores esenciales como la producción y distribución de alimentos seguimos haciendo nuestro trabajo, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, habló sobre nuestro país… No es novedad. Ya sabemos que la burocracia global que Chile contribuye a financiar con nuestros impuestos, no se diferencia de un comentarista de actualidad internacional.

Habemos algunos que estamos acostumbrados a no esperar algo concreto de estos organismos, no obstante, llama la atención la oportunidad y el contenido con el que Alicia Bárcena cumplió su trabajo de hablar: lo hizo de manera absolutamente planificada a través de una conferencia de prensa, donde señaló que “podría generarse –en Chile- un aumento de la molestia de la población nacional surgida en el estallido social del 18 de octubre, ahora producto de la pandemia del coronavirus (…) justamente porque la desigualdad y la pandemia, han demostrado grandes deficiencias estructurales que se vienen arrastrando en materia de salud y protección social”, según consignó The Clinic.

¿Es este momento de altísima angustia y tensión, el adecuado para emitir este tipo de opiniones? Obviamente que no y es improbable que Alicia Bárcena no lo sepa. Por lo tanto, no queda más que pensar que estamos en presencia de un organismo irresponsable, o lo suyo es la expresión de un deseo de violencia para Chile.

Ya tuvimos sectores que dieron sustento teórico a la violencia del 18 de octubre, que nos debilitó como país para dar solución a las mismas demandas que se estaban visibilizando y estar más preparados para la pandemia, por lo tanto, no es el momento de alentar la misma actitud.

Seguiremos trabajando para que el país tenga salud y alimentos, lo que incluye avances en solidaridad por medio de la próxima entrega de canastas familiares financiadas por la Confederación de la Producción y el Comercio, CPC que se suman a los esfuerzos que desarrolla el Estado chileno en el mismo sentido.

A los organismos como la irresponsable u oportunista Cepal, no queda más que pedirle que aporte ideas para enfrentar la crisis sanitaria global y se guarde sus conferencias de prensa que dan sustento teórico a la violencia, al menos, para un momento menos dramático que este.

El agro en la hora de la verdad frente a la pandemia

El agro en la hora de la verdad frente a la pandemia

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Ya en el mes de abril, el Programa Mundial de Alimentos, WFP, alertó que la crisis económica provocada por la pandemia afectará duramente a las personas sin redes de apoyo gubernamentales. El diagnóstico del organismo fue claro al categorizar la situación como una “crisis aguda de alimentos y medios de subsistencia”.

Las señales de las predicciones ya se están dando: un grave deterioro del intercambio del comercio internacional de bienes, disminución de puestos de trabajo, que en el caso de Chile han llevado al alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, a señalar que hoy su temor es que la gente de su comuna muera de hambre antes que de Covid.

Mientras tanto, el Ministerio del Interior y Seguridad Pública anunciaba el mismo viernes que la delincuencia había aumentado un 33% en algunas comunas de la capital y la cantidad de pacientes en las Unidades de Cuidados Intensivos arrojaba un peak de 500 personas, con una creciente alza del número de contagiados.

Es evidente que la confluencia del riesgo sanitario y el deterioro económico nos llevan al punto de riesgo que se había anunciado en marzo.

En nuestra zona, donde el frío y la leña contribuyen a aumentar las enfermedades respiratorias, es momento de extremar el cuidado, el que debe partir por un compromiso personal más que por imposiciones externas, a no ser que alguien esté sugiriendo que ha llegado el momento de establecer un Estado Policial que obligue a las personas a hacer algo tan básico como cuidarse y cuidar a los demás.

En todo este escenario, el agro ha ido afinando sus protocolos de funcionamiento para cumplir el objetivo de mantener un abastecimiento seguro de alimentos, sin poner en riesgo la salud de quienes damos vida a esta cadena.

Nosotros estamos haciendo nuestra parte y el Estado debe continuar haciendo lo suyo, velando por el correcto y expedito funcionamiento de las barreras sanitarias; la no aplicación de nuevas cargas impositivas que compliquen una operación que ya ha sido económicamente compleja; la supervigilancia de las instituciones bancarias para que efectivamente traspasen a los clientes las líneas de financiamiento definidas por el Estado; y, sobre todo, asegurando los ingresos de las familias más carenciadas.

Estamos preparados para seguir cumpliendo nuestra labor.

Presidente: “No se juega con el dinero del pan”

Presidente: “No se juega con el dinero del pan”

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

En el mes de marzo, el Estado declaró al agro como un servicio esencial para enfrentar la pandemia mundial de coronavirus Sars Cov-2, bajo la premisa de que la primera prioridad respecto a los alimentos la tiene Chile y los chilenos.

Con esta finalidad, al alero del Ministerio de Agricultura comenzó a funcionar la mesa del Comité Seguro de Abastecimiento, donde participan las confederaciones campesinas, gremios, transportistas, los mayoristas y feriantes que permiten abastecer al 70% de los habitantes del país.

La tarea no ha sido sencilla. Para cumplir con nuestro deber y compromiso con el país, hemos debido establecer estrictos protocolos sanitarios para asegurar nuestra operación, cuidando al mismo tiempo de nuestra salud, lo que incluye protecciones personales como mascarilla, bloqueadores, overoles, lavado de manos y el acondicionamiento de baños para higienizarse, como asimismo la desinfección de herramientas, la manipulación de los alimentos en los packing y el transporte. Y no sólo eso. Los vehículos que movilizan personal han debido rebajar a la mitad su capacidad y deben ser permanentemente fumigados y desinfectados las micros y furgones.

Al mismo tiempo, en un escenario de disminución del intercambio de bienes, nuestros productos exportables enfrentan un complejo panorama que afecta la proyección de la actividad hacia el futuro.

Todo esto, sumado al aumento de los tiempos de traslados, han generado necesarios, pero importantes aumentos en nuestros costos de producción que hemos asumido con la responsabilidad de quien quiere contribuir con su trabajo a evitar la escasez de alimentos o una significativa alza del costo de los mismos para las familias chilenas.

Cuesta entender que un Estado que dice comprender la importancia estratégica de la seguridad alimentaria, pueda lanzar al mismo tiempo una irracional alza de más de un 100%, en algunos casos, de los avalúos de los predios agrícolas que, por una parte, fijan los montos de las contribuciones a los bienes raíces y, por otra, establecen la base imponible en los pequeños y medianos contribuyentes agrícolas que tributan bajo Renta Presunta.

El error es manifiesto, ya que la medida no tiene relación con la rentabilidad del sector ni con anteriores valorizaciones realizadas incluso a las propiedades urbanas y, por ello, esperamos que la decisión se retrotraiga, para darle al agro las condiciones mínimas que le permitan seguir cumpliendo con su tarea. Presidente, como dice el refrán, “no se juega con el dinero del pan”.

Un video de un ridículo mundo paralelo

Un video de un ridículo mundo paralelo

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Con su tradicional producción audiovisual de alta factura, la autodenominada “Primera Línea” lanzó la semana pasada un video en donde aparecían limpiando con paños los pasamanos y torniquetes del Metro de Santiago, el mismo que ha sido destruido desde el 18 de octubre de 2019, por medio de ataques que se han justificado de manera ideológica.

En las redes sociales se emplazó a los autores por la evidente incoherencia y, acorralados, sus defensores argumentaron que su alabada y mal llamada “Primera Línea” no había destruido el Metro… En el mundo real, sin embargo, fuera del mundo paralelo de Twitter y Facebook, los más afectados por la destrucción de la red de Transporte Público, es decir los habitantes de Puente Alto, Maipú, Renca, etcétera, saben perfectamente que son esos barras bravas, narcos y delincuentes comunes irresponsablemente ensalzados durante meses por actores políticos y sociales, los únicos responsables de esa destrucción, por lo cual, el video con pañitos en los pasamanos, no podrá reescribir esa historia.

La Pandemia del Coronavirus nos ha recordado la fragilidad de la vida humana y de sus logros. Durante meses la mal llamada Primera Línea argumentó que la paralización forzada del país que generaban terminaría en algo mejor. No es así. Si se destruye el aparato productivo, se destruye el empleo y si se destruye el empleo, hay pobreza. Siempre ha sido así y la recesión en que ha entrado el mundo ahora, la peor desde 1929, nos lo vuelve a mostrar.

La verdadera Primera Línea es la que arriesga su vida en los hospitales y consultorios del país y la conforman auxiliares, técnicos, enfermeras y médicos que prestan esmerada atención a todo aquel que la necesita. Son también en los miles de trabajadores de empresas críticas que suministran luz, agua potable, bencina, gas y petróleo, los que venden fármacos y alimentos y los transportistas. También son los carabineros, fuerzas armadas, bomberos y servicios públicos en general y, por supuesto, los agricultores que constituyen la base de la cadena de alimentos que son la base del combate a las enfermedades.

Y no sólo eso. Tenemos también agricultores y prestadores de servicios agrícolas que no sólo se han conformado con seguir cumpliendo su ya relevante tarea, sino que han decidido salir a las calles de las ciudades a sanitizarlas. Ellos son “Los Magníficos” y su ejemplo ha sido replicado en diversas regiones del país.

Que nunca más Chile confunda el significado de una Primera Línea al servicio del país.

La difícil encrucijada de la crisis del Coronavirus

La difícil encrucijada de la crisis del Coronavirus

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

A las 8:40 horas del sábado 28, el sitio www.covidvisualizer.com que actualiza el avance del Covid-19 en tiempo real, mostraba que en el mundo los contagiados sumaban 614.106. De estos, había muerto el 4,6% -28.239- y se había recuperado el 22,4%.-137.271-.

El virus ha demostrado  ser menos letal que la Gripe Española de hace 102 años, pero la conmoción y el miedo que tenemos es similar a los que experimentaron nuestros antepasados y eso no es una mala noticia, porque es una muestra de que somos una sociedad más humana, donde no somos una simple estadística y cada vida cuenta.

Y porque cada vida cuenta es que existen sectores que no pueden detenerse: uno de ellos es la salud, por razones obvias, y otra es la cadena de suministro de bienes y servicios básicos, donde el alimento cumple un rol central. Hoy, los profesionales de la salud son tan importantes como los trabajadores del campo y todos tienen un papel insustituible que cumplir.

El mundo desarrollado nos muestra en tiempo real varias líneas paralelas para enfrentar el virus, desde el estado policial asiático, hasta el apocalíptico desorden italiano y español, naciones que concentran casi el 57% de los muertos a nivel global. Países como Chile deben encontrar el mal menor entre estos extremos.

Una rápida encuesta a nivel nacional muestra que la mayoría de las personas miran como un enfoque deseable las políticas asiáticas de control, porque se han mostrado efectivas, pero muchos se sorprenden al saber que, por ejemplo, Taiwán y Corea no han logrado esto a través de prohibiciones de salir de casas, cierres de tienda o restaurantes y más bien la clave del éxito ha sido su mentalidad autoritaria, con personas que no cuestionan la utilización de una extrema vigilancia digital de desplazamientos a través del GPS de los celulares, de las actividades en internet y el uso de cámaras de reconocimiento facial que incluso miden la temperatura corporal en espacios públicos.

La cuarentena absoluta para un país no es viable, porque no podremos esperar escondidos a que el “enemigo invisible” que identificó el presidente francés Macron se vaya para volver a producir los alimentos, el agua potable o la energía eléctrica que requerimos para vivir. Hace una semana, Branko Milanovic, economista serbo-estadounidense especialista en desigualdad, detalló que el verdadero peligro pandémico es el colapso social, si es que  un número muy alto de personas salen de la crisis actual sin dinero, ni trabajo, ni acceso a bienes y servicios básicos. El riesgo de salud y económico, por lo tanto, son tremendamente  serios para la vida en sociedad, por lo que el desafío es enorme en dos dimensiones indisociables.

La abrupta desglobalización por coronavirus

La abrupta desglobalización por coronavirus

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

En 2017, SAGO invitó al destacado periodista osornino John Müller para brindar una charla en donde éste acuñó el concepto desglobalización, el que hoy cobra mucha actualidad.

Müller distingue tres factores que definen a la globalización: libertad de movimiento de personas; libertad de comercio; y libertad de movimientos de capitales. A raíz de la irrupción del coronavirus (Covid-19 o SARS-CoV-2), el primero de estos se ha visto seriamente comprometido.

El segundo factor de la globalización, la libertad de comercio, ya estaba comprometido por la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China, pero ahora se agravó debido a la paralización de los principales centros de consumo. El movimiento libre de capitales, en tanto, ya se estaba comportando de manera inusual en enero, producto de una serie de convulsiones sociales en el orbe, incluida la chilena, no obstante hoy, ya estamos derechamente en presencia de una fuga de dinero sin precedentes, porque los inversores privilegian seguridad sobre rentabilidad y así, enormes sumas de dinero se están “desglobalizando” o refugiándose en sus países de origen.

Países como Chile, que sustentan su economía en las exportaciones y la atracción de capitales, enfrentan un escenario en donde experimentará el significado profundo de vivir fuera de un modelo de integración de mercados y libre comercio.

¿Qué podemos esperar en el plano de nuestra provincia? Dificultades para nuestros productos exportables –cerezas y berries y a nivel de la región de Los Lagos los salmones-. Podemos prever una cierta estabilidad en los productos que sustituyen exportaciones, principalmente carne y leche, sin embargo, para los consumidores –y consumidores somos todos-, el panorama no es alentador. El tipo de cambio al alza y el frenazo del comercio internacional elevarán los precios y la confluencia de todos los factores, finalmente, afectarán el empleo.

¿Cuánto tiempo durará este fenómeno? Todo dependerá de qué tan eficientes seamos en el control de este virus que, según la canciller alemana, Angela Merkel, llegará a infectar al 70% de su población. Si la proyección germana se da igual en Chile, estaríamos hablando de más de 10 millones de infectados en nuestro país que, a una tasa de mortalidad del 3,4%, se traduciría en más de 300 mil muertes. La meta por lo tanto, es disminuir la velocidad de contagio para evitar el colapso de los centros de atención, pero también intentar que la población enferma no llegue a los niveles proyectadas por naciones del hemisferio norte.

Es imprescindible que asumamos con responsabilidad el llamado de las autoridades a enfrentar este virus. Para contribuir en este desafío, será necesario renunciar a ciertas libertades transitoriamente, limitando las reuniones y eventos, en beneficio de Chile y sobretodo de sus adultos mayores.

¿Estamos mal? Veamos de dónde venimos

¿Estamos mal? Veamos de dónde venimos

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

No existen dos miradas respecto de cuál es el país que queremos, porque todos queremos estar mejor. ¿Contamos con la salud, educación, ingresos o seguridad ideales? Por supuesto que no. ¿Quiere decir que hemos fracasado como país y necesitamos repensarlo todo? Tampoco.

Para medir el éxito o fracaso del lugar en donde estamos, es indispensable entender realmente el lugar de dónde venimos. Hace 50 años, el país tenía una esperanza de vida de 63,3 años, en tanto hoy es 79,5 y mientras la mortalidad infantil era de 80 por 1.000, hoy es de 9.

El rol jugado en éste ámbito por nuestra producción pecuaria es trascendente y ha aportado con más y mejores empleos, más que duplicando su aporte al Producto Interno Bruto de la Nación en sólo dos décadas.

La cobertura de enseñanza media no llegaba al 50% hace 50 años y hoy es de casi el 100%; mientras que la educación superior ya arriba a una cobertura del 50% que equivale a más de 1,2 millones de jóvenes entre 18 y 24 años. Todas estas cifras son récord y no se han generado por simple inercia, como lo demuestra que este tiempo hemos superado a muchísimos países en todos estos indicadores. El vilipendidado modelo permitió acabar con la desnutrición, ampliar la esperanza de vida en 15 años y la cobertura educacional en cifras superiores a nuestros pares en la región.

Chile no está peor, al contrario, la generación actual vive más y mejor que aquella que la precedió. Nuestro país es mucho más que “una buena fachada”, como dijo un irresponsable economista que entrega la base teórica a quienes se sienten validados para generar cambios por la fuerza.

Es el emprendimiento privado el motor que ha entregado al Estado los recursos para cumplir su labor. Hoy, el presupuesto de la nación asciende a más de 70 mil millones de dólares, una cifra jamás alcanzada en la historia de nuestra patria y es este monto el que permite financiar todos los programas sociales que aseguran una mejor redistribución.

La pregunta que debemos hacernos, es que si el Estado dispone de más recursos que nunca, ¿por qué en estos últimos años ya no logra hacer su parte para mejorar la calidad de vida de la gente a la velocidad que nos habíamos acostumbrado? ¿Y si la plata está, pero no le llega a la gente, no será porque Estado es ineficiente?

Hacemos un llamado a nuestros representantes políticos a valorar lo que este país ha alcanzado en democracia y a entender que la violencia ejercida por una minoría debe ser erradicada. Podemos estar mejor, por cierto, pero eso podremos lograrlo con unidad y sin polarización.

Tiempos de debates desquiciados

Tiempos de debates desquiciados

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

Desquiciado es la palabra para referirse a personas que están “alteradas y fuera de sí o han perdido la tranquilidad o la paciencia”. Nada mejor describe el actual estado de cosas en que las posturas extremas dominan los debates, sobre todo en el mundo virtual.

Chile enfrenta la más grande sequía de la cual se tenga registro y, lamentablemente, el aparataje burocrático estatal ha vuelto a hacer de las suyas convenciendo a la opinión pública de que aquello se trata de un problema jurídico. Visto en perspectiva, pareciera que nada ha cambiado desde la época en que las clases gobernantes de la antigüedad junto a sus sacerdotes ofrecían sacrificios a los dioses para cambiar el derrotero de la naturaleza.

No. El problema del agua no se soluciona por medio de la Constitución o una ley, sino a través de  obras, sin embargo las premisas que dominan hoy este desquiciado debate no se hacen cargo de ello, ya que pone por delante el mentado proyecto de ley que en lo concreto, no le suma un solo litro  al sistema.

Aún en tiempos de sequía extrema, el país tiene en su conjunto nueve veces más agua que el promedio mundial, pero para hacer un uso eficiente de ella debemos realizar estudios de prospección y catastros; construcción de embalses; infiltración de napas; desalinización; reutilización; tecnificación del riego; revestimiento de la conducción; y, finalmente, avanzar hacia un ordenamiento institucional que es sólo uno de los múltiples desafíos.

Desafortunadamente, la agricultura ha sido injustamente estigmatizada en medio de este debate alterado y fuera de foco. No existe una dicotomía entre el uso agrícola del agua y el consumo humano de la misma, porque ambos están en definitiva al servicio de la humanidad: ¿o es que acaso alguien cree que el abastecimiento de alimentos es menos relevante que ingerir líquido?

Si bien el Banco Mundial y otras importantes organizaciones de la burocracia global han puesto sobre el tapete la problemática del uso de agua para fines agrícolas, también reconoce que esta actividad seguirá cumpliendo una función fundamental en la seguridad alimentaria mundial. Un estudio hecho por este organismo establece que la producción agrícola tendrá que aumentar en un 70 % para 2050 para alimentar a una población que llegará a los 10.000 millones de personas.

La agricultura, por lo tanto, tiene desafíos en materia de uso de agua, pero es parte central de la seguridad alimentaria y la sobrevivencia de la humanidad y por ello, es desquiciado continuar con la campaña de estigmatización en su contra.

Tres meses de irresponsabilidad

Tres meses de irresponsabilidad

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

No cabe duda que hay protocolos policiales por mejorar, sino no se explica que cueste tanto detener a los encapuchados que causan destrozos, sin embargo, tratar de instalar que el problema de la violencia desatada en estos últimos tres meses es de las instituciones encargadas del resguardo del orden público y no de quienes han perpetrado actos vandálicos en infraestructura pública y privada causando daños sólo equiparables a un terremoto de gran magnitud, es una irresponsabilidad enorme.

En países desarrollados, el apedreo de policías es respondido con fuerza. Sin ir más lejos, en Alemania un hombre fue abatido por esa razón en 2018. Que el intendente de la región Metropolitana, Felipe Guevara, se encuentre hoy suspendido de su cargo por el copamiento policial preventivo de la plaza Baquedano –que no es otra cosa que los policías resguarden el dañado monumento al héroe nacional evitando la toma que incluye un permanente e ilegal bloqueo del tránsito de personas-, demuestra hasta qué punto la confusión sobre los límites a la libertad de manifestación y expresión se han transformado en el mayor obstáculo para la recuperación del orden público indispensable para avanzar en las necesarias reformas sociales.

La violencia, tanto de facto como en su justificación teórica, debe ser castigada sin ambigüedad. No existe nación seria en donde se permita un homenaje dentro de un Congreso a autoproclamadas guerrillas urbanas, como las que en Chile se denominan primera línea y que fueron calificadas como “nuestros héroes” por fuerzas con representación parlamentaria.

El año pasado, la Unión Europea analizó una propuesta de Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de ese continente, en cuya justificación se establece que la segunda Guerra Mundial “fue el resultado directo del infame Tratado de no Agresión nazi-soviético de 23 de agosto de 1939, también conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, que permitieron a dos regímenes totalitarios, que compartían el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia”, razón por la cual“pide a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi”.

La creciente violencia tanto de facto como de discurso, requiere de una condena categórica donde la propuesta de Resolución del Parlamento Europeo puede iluminar el camino que debemos seguir como país.

Pensiones, populismo y asistencialismo

Pensiones, populismo y asistencialismo

Por Christian Arntz, presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, SAGO A.G.

 

En el año 2018, el Índice Global de Pensiones Melbourne Mercer ubicó al sistema previsional chileno en octavo lugar a nivel mundial. Para muchos de sus detractores, el resultado pareció una mala broma, no obstante, existen razones objetivas para dicha medición, comenzando por el hecho de que en las naciones donde hay pensiones altas y bajas edades de jubilación, el dinero simplemente no alcanza.

Países como Grecia y Francia, por mencionar algunos, han debido enfrentar revueltas sociales de gran envergadura -el Metro de París funciona a menos de un cuarto de su capacidad desde hace más de un mes-, debido a que los gobernantes han debido transparentar algo que en tiempos de populismo se elude: la protección social cuesta dinero y éste tiene que salir de alguna parte.

Hoy, en Chile estamos en presencia de una propuesta que avanza decididamente, gracias a la “generosidad” de políticos “conscientes”. En el campo existe un dicho que reza “es fácil sacar murras con las manos ajenas”, pues bien, eso es lo que pasa cuando el generoso político anuncia que la solución es la solidaridad que, en pocas palabras, involucra sacarle dinero de la pensión de uno para repartirlo a otros.

Si el Estado no puede pagar su generosidad, entonces debería limitar su solidaridad. La otra opción, y quizás más seria aunque menos popular, es asumir que se debe aumentar la cotización individual; fortalecer el pilar solidario del sistema financiado por medio de impuestos a las personas y no por simple solidaridad impuesta por un político que decidió regalar el dinero de otro; e iniciar un debate serio acerca de si es o no correcto que en un país con esperanza de vida que se acerca a los 90 años la edad de jubilación sea de 60 años para mujeres y 65 para hombres.

En el año 2017, invitado por nuestro gremio, el periodista osornino radicado en España, John Müller, retrató los riesgos que corría el país con el avance del populismo, citando precisamente el ejemplo de su segunda patria: “La lección que deja España es que es muy fácil corromper a una sociedad ofreciéndole el camino del asistencialismo y del reparto de la riqueza. Ese discurso es muy fácil y solo abre la posibilidad de que en muy poco tiempo esa sociedad baje los brazos y deje de asumir su responsabilidad. Esa fue la clave de lo que ha pasado en España. Cuando tú creas un estado benefactor, la gente baja los brazos y cree que sus problemas los tienes que resolver el Estado. Y en España, eso ha sobrepasado el ámbito económico”. Transcurrido casi tres años de esa advertencia, es claro que lo pusimos suficiente atención al caso hispano.